Rios Subterráneos

 

Rios Subterraneos La placa rocosa de la península de Yucatán (1), en México, tiene incontables cavidades inundadas —cenotes— producto de la constante filtración de agua hacia el subsuelo. Durante mucho tiempo se pensó que los cenotes (2) eran independientes unos de otros y que el agua de los mantos subterráneos fluía, entre las rocas porosas y las arenas, por capilaridad o a través de ranuras, grietas, fisuras, hendiduras y otros resquicios. Sin embargo, en los últimos tiempos, mediante audaces incursiones de buceo, se logró comprobar que los cenotes forman parte de un extraordinario sistema hidrológico subterráneo (3), con auténticos ríos de variado caudal que corren, aproximadamente veinte metros bajo tierra, a lo largo de galerías, túneles, pozos y cavidades.

 

Así, en la zona de Tulum, sitio arqueológico maya en el estado mexicano de Quintana Roo, han podido recorrerse quince kilómetros y medio de los túneles del sistema de cenotes Naranjal. Otro sistema de la misma zona, el Nohoch Nah Chich, fue inspeccionado en una longitud de casi catorce kilómetros. Y en varios ríos subterráneos del área, que apenas comienzan a ser explorados, se han cubierto distancias de cuatro kilómetros y medio. Todo ello bajo tierra. Las corrientes subterráneas se mueven desde la zona central de la península hacia la periferia y desembocan en marismas y pantanos aledaños a la costa, o más allá de ésta. Marinos y pescadores de la zona han localizado caudalosos manantiales que lanzan borbollones y les permiten abastecerse de agua dulce en pleno mar. Como vestigio de esos cambios en el nivel del mar, pero también de los movimientos geológicos que han hecho y siguen haciendo levantarse a la península de Yucatán, habita los cenotes una fauna muy especial. En su mayoría, la integran animales cuyos ancestros eran originalmente marinos y después, atrapados en las profundidad de la tierra, fueron evolucionando hasta adaptarse a la vida en agua dulce y en la oscuridad.