Cenote X'Canché

 

Los mayas de ayer y hoy en esta región de la meseta calcárea de Yucatán han dependido de los ríos subterráneos de la península para su sustento. El dzonot, o cenote, se forma cuando el techo de una cavidad de la roca caliza se desploma, dejando al descubierto el manto freático y convirtiéndose en polo de atracción para toda clase de árboles y animales.  

 

A 1.5 km del sitio arqueológico se abre un verdadero oasis de vida en medio de la selva caducifolia  circundante, el Cenote X-canché, de cerca de 50m de diámetro y rodeado de frondosos árboles que despliegan sus ramas sobre el vacío. Una decena de aves y plumaje azul y larga cola, como escapadas del paraíso, recorren el cenote de lado a lado, proyectando su sombra índigo en el agua.

 

Su murmullo característico rebota en las paredes de 15m de profundidad hasta el espejo del agua, dándole un toque místico y espectral. Se trata del mot-mot de ceja turquesa  (eumomota superciliosa) quien comparte la custodia de los cenotes vírgenes de Yucatán con el mágico Alux, el travieso duende maya.

 

Hasta hace poco, la única forma de llegar a él era a través de una estrecha y sinuosa vereda. Hoy el acceso es un poco más cómodo, a través de  una brecha por la que solo circulan bicicletas de montaña y vistosos bicitaxis. El camino recorre fracturas geológicas y de presiones o “rejolladas” que evidencian el río subterráneo del que el cenote X-canché forma parte. También hay algunas palapas aisladas que los milperos utilizan para descansar.